Prólogo
La noche había caído en el condado de Amador,en Ione, California. La colina que presidia el edificio colegial, se encontraba envuelta en la mas impenetrable oscuridad. Los dos cipreses que lo custodiaban a los lados del centro como dos guardianes silenciosos en la noche, también habían caído en el hechizo nocturno.
Solo se oia el ulular de alguna lechuza, que comenzaba su ronda de caza, y el siseo de la leve brisa,colándose por las cornisas y el tejado de matiz tizón.
El entorno estaba en calma. Pero una calma que no era pura en esencia, pues también se podía percibir cierta tensión, como si ese estado en el ambiente, vaticinara el hecho de algun acontecimiento futuro fatal.
Todo estaba en silencio. Un silencio poco corriente en un edificio lleno de niños inquietos, la mayoria del tiempo. Y sin embargo, aquella noche, habian preferido callar, permaneciendo alerta, porque no querian perder detalle de lo que estaba a punto de pasar en el castillo. La torre de guardia,que se asemejaba a las de los centros penitenciarios, estaba ocupada por uno de los guardas del centro, que mantenia el mismo silencio tenso, escopeta en alto. Pero , al contrario que los jóvenes callados que permanecian en sus habitaciones, el guarda no tenia ni la mas minima idea de lo que podria pasar a continuacion.
La gobernanza y los directivos dormían agotados, despues de un largo dia de trabajo,evitando conflictos entre los niños y los no tan niños. No habia vigilancia a esas horas de la noche en lo que los superiores suponian a todos los muchachos dormidos. Y cuando el reloj del pasillo, dio la campanada de la una, todos los niños se levantaron de sus camas, y caminaron por el suelo de madera con pasos felinos hasta llegar al umbral de los portones blancos de sus dormitorios,separados por secciones. Abrieron las puertas casi al mismo tiempo. Algunas chirriaron,pero fue tan leve que los superiores no sintieron ni escucharon nada.
El grupo de jóvenes,contemplaba en silencio a dos de su condición que avanzaban con solemnidad a pesar de la ridícula camisola blanca que llevaban como ropa de dormir. Muchos los señalaban y se burlaban de ellos sonriendo maliciosamente. Pero ninguno de ellos alzo la voz o profirio ninguna risa. No querian ser descubiertos.
Estaba claro lo que pretendian con ese comportamiento. Samuel Goins y Joe Lopez, los dos jovenes de 20 años, sabian lo que se proponian. El desprecio en sus miradas lo reflejaba claramente. Querian quitarles todas las esperanzas para escapar.Tendrian que permanecer vigilado por ellos,por la presion de grupo, hasta que cumplieran la mayoria de edad y quedaran libres de su condena. Pero a pesar de su miedo,no estaban dispuestos a que el panico por la hostilidad de aquellos pequeños habitantes del castillo que creian amigos,les doblegara.
Samuel Goins, escupio en el marco de uno de los cuartos del segundo piso,antes de bajar por las escaleras enmoquetadas hasta el vestibulo. Queria marcar el perimetro para dejar claro que el podria matarlos a todos si se les acercaban en el ultimo isntante antes de huir.
Entonces...llego el momento corrieron a toda prisa y abrieron la pesada puerta principal. Descalzos, aceleraron el paso bajando las escaleras del vestibulo y a grandes zancadas se alejaron libres, gritando de puro jubilo, respirando como si fuera la primera bocanada de aire puro que inspiraban en muchos años.
Aquellos gritos, alertaron al guardia,que cargo la escopeta y se dispuso a apuntar a matar. Diestro en su arte,podia disparar incluso con falta de luz solar y con el viento en contra. No dudo en apretar el gatillo.
La bala salio disparada de la culata y con la rapidez de un cuerpo celeste,atraveso el craneo de Goins, que cayo al suelo muerto en el acto. Su compañero Joe Lopez, antes de marcharse de su lado gritando , vio como la cara de su amigo se habia curvado en una mueca de desden, mirandolo fijamente con los ojos sin vida.
El tuvo mas suerte que su amigo que corrio a esconderse en una pequeña arboleda cerca del patio de la caseta de las labores de agricultura. El guarda no pudo darle alcance alli, de modo que espero a que se hiciera de dia para dar parte al colegio horas mas tarde.
Los niños volvieron a sus camas y no produjeron ningun ruido en toda la noche,ni siquiera cuando parte del profesorado se habia levantado para informarse de lo sucedido con el guarda e intentar buscar al muchacho desaparecido.
Llevaron dentro al cadaver de Goins hacia la enfermeria para confirmar su defuncion. Un poco despues, los profesores de carpinteria y agricultura encontraron al otro muchacho hecho un ovillo en la tierra, gimiendo consternado y con la mirada perdida. Tambien lo llevaron a la sala e intentaron calmarlo a base de collejas y de gritos. Pero el no paraba de repetir en su extraña locura " Dios es misericordioso y a el me acojo".
Aquel dia del año 1919, Samuel Goins murio de un tiro en la cabeza y fue enterrado en el cementerio oculto en la arboleda, para niños sin parientes y desamparados. Nadie asistio a su funeral. El colegio segua en silencio.
8 meses mas tarde, Joe Lopez moriria en extrañas circunstancias en la misma enfermeria que lo acogio. Vigilado,no por los medicos y las enfermeras del sitio, sino por los ojos desalmados y feroces de los niños que alli vivian.
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